Roger Muñoz, Mimi Laquidara | La verguenza del oso

Texto de Roger Muñoz con motivo de su exposición ACIDO realizada con Mimi Laquidara (Integrantes del PES) 

La verguenza del Oso

El cadáver de la pintura siempre retorna, su pestilencia lo impregna todo, el color puede ser mucho más potente que las palabras, ataca de inmediato, entramos en él, nos invade.

El amarillo, color estridente que en grandes cantidades puede resultar nefasto. Las antiguas teorías de los humores lo consideran el color de los coléricos, la bilis que se rebalsa por el esófago al contener la ira y la frustración. No hay nada que acompañe mejor la miseria de esta botarga que el amarillo. Un oso meado, de peluche caqui con tenazas y una camisita conmemorativa de un animal suicida, que esconde su cabeza de la vergüenza que implica su existencia.

Nuestra decadente cultura de masas ha ridiculizado al oso, le ha despojado su aspecto feroz y asesino para volverlo afelpadito y afeminado. Maricones como Winnie Pooh o el oso Yogi son su mayor emblema. ¿Entonces por qué no terminamos de denigrar a esta bestia? Denigrémosla al humanizarla y distanciarla de su instinto salvaje. Depositemos nuestra mierda en un animal.

Esta botarga podría ser cualquiera. El oso es el desecho, la botarga ideal para el oficinista que entrega 8 horas laborales 5 días a la semana. El traje para los lame culos sin escapatoria. Esos que se esconden en el baño con la esperanza de perder tiempo y obligados a fingir su papel en todo momento al salir del baño. Sumiso. Fracasado. ¿Pero acaso no todos somos unos fracasados?

Un oso que no ruge, que no muerde, que con costos podría pellizcarte un cachete y lo patearías de inmediato. Totalmente inofensivo y dócil.

La botarga es un artefacto de ficción, carne falsa, una imagen simple e identificable que genera empatía. Por lo general esconde a un trabajador desgraciado, sudado y humillado. Es incómoda, calurosa, denigrante y de movimientos torpes. El objetivo por excelencia de los niños para descargar su violencia. Todo lo amigable es sólo el velo de la miseria.

 

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SOMA

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