Josué Mejía

15 / Ene / 19 - 24 / Ene / 19

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En el año de 1932, gracias a la invitación realizada por Edsel B. Ford y William R. Valentiner y la promoción de la amistad entre el pueblo de México y el de Estados Unidos a partir de la política del buen vecino, Diego Rivera fue comisionado para pintar los muros del garden court en el Instituto de Arte de Detroit. 

Los frescos de Rivera se convirtieron así en un retrato de Detroit, el emporio industrial del capitalismo norteamericano, tomando como tema central la industria automotriz por ser uno de los principales sectores del mundo industrial del siglo xx.

A partir de visitas frecuentes a diversas instalaciones industriales como las fabricas de autos y aviones de Ford y las factorías Chrysler, Rivera se documentó con el fin de pintar el interior de una fabrica abarrotada de obreros y lineas transportadoras curveadas como serpientes rodeando enormes maquinas que recuerdan monumentales esculturas precolombinas de México.

SOMA

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