Ángela Ferrari | Invertebrados

14 / May / 19
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Invertebrados

Si desde un estado infante se preestablece lo que se puede y lo que no se
puede hacer, qué es asqueroso y qué no, entonces ¿Cuánto corrimiento real hay
de la norma? ¿Si no estamos mentalmente habilitados para imaginar ciertas
actividades, mucho menos estaríamos habilitados a disfrutarlos? La instalación,
entre otras cosas, se refiere a la posibilidad de pensar en una subsexualidad
inherente y propia que desconocemos; al papel del asco como ficción política en el
desarrollo de la sexualidad.

Las personas no experimentan de la misma manera los estímulos y las
sensaciones. Es posible pensar que la experiencia que nos une y que hemos vivido
con menos interferencia (ya sea cultural, social o de la historia personal) es la
residencia en el líquido amniótico de la placenta.

Como sabemos, las tetas tienden a ir de a pares, como las parejas
mujer/hombre, como la pareja mujer/hijo-a, como la mujer/extra para completarla y
validarla. La idea de la posibilidad de lo impar; contemplar lo que sufren a diario el
cuerpo de la mujer y los cuerpos en general me permite pensar en un símbolo
feminista teta-bala.

La oreja cita la intención de escucha que indefectiblemente es condicionada
por la historia personal y los atenuantes socioculturales del oyente, y con mi
intención de tratar de oír al espectador. Asimismo referencia la otredad, algo que
puede ser juzgado como asqueroso, “enfermo”, “disidente”, “diferente”, imperfecto.
Habla también de la enfermedad y el desarrollo de prejuicios a partir de la escucha.

“Invertebrados” alude a lo maleable, a un algo que puede tomar otras
formas, mutar. Si consideramos que las partes tradicionalmente concebidas como
órganos sexuales, como genitales no tienen tejido óseo, entonces podemos tomar
un cuerpo invertebrado como un cuerpo que puede ser enteramente genital.

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